Que no falte nunca la ilusión en nuestra vida o lo habremos perdido todo. Volver a empezar de nuevo a realizar aquellas actividades, viajes..

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 La zorra y los racimos de uvas •Esopo

Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca. Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose: -- ¡ Ni me agradan, están tan verdes... ! Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.

 La zorra y la liebre •Esopo

Dijo un día una liebre a una zorra: ¿Podrías decirme si realmente es cierto que tienes muchas ganancias, y por qué te llaman la "ganadora" ? Si quieres saberlo -- contestó la zorra --, te invito a cenar conmigo. Aceptó la liebre y la siguió; pero al llegar a casa de doña zorra vio que no había más cena que la misma liebre. Entonces dijo la liebre: ¡ Al fin comprendo para mi desgracia de donde viene tu nombre: no es de tus trabajos, sino de tus engaños ! Nunca le pidas lecciones a los tramposos, pues tú mismo serás el tema de la lección..

 El lobo y el león •Esopo

Cierta vez un lobo, después de capturar a un carnero en un rebaño, lo arrastraba a su guarida. Pero un león que lo observaba, salió a su paso y se lo arrebató. Molesto el lobo, y guardando prudente distancia le reclamó: ¡ Injustamente me arrebatas lo que es mío !El león, riéndose, le dijo Ajá; me vas a decir seguro que tú lo recibiste buenamente de un amigo. Lo que ha sido mal habido, de alguna forma llegará a ser perdido.

 El jardinero y el perro •Esopo

El perro de un jardinero había caído en un pozo.El jardinero, por salvarle, descendió también. Creyendo el perro que bajaba para hundirlo más todavía, se volvió y le mordió.El jardinero, sufriendo con la herida, volvió a salir del pozo, diciendo: Me está muy bien empleado; ¿quién me llamaba para salvar a un animal que quería suicidarse? Cuando te veas en peligro o necesidad, no maltrates la mano de quien viene en tu ayuda.

 El caballo viejo •Esopo

Un caballo viejo fue vendido para darle vueltas a la piedra de un molino. Al verse atado a la piedra, exclamó sollozando: ¡Después de las vueltas de las carreras, he aquí a que vueltas me he reducido! No presumáis de la fortaleza de la juventud. Para muchos, la vejez es un trabajo muy penoso.

 La cigarra y la hormiga •Samaniego

Cantando la Cigarra pasó el verano entero, sin hacer provisiones allá para el invierno; los fríos la obligaron a guardar el silencio y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento. Viose desproveída del precioso sustento: sin mosca, sin gusano, sin trigo, sin centeno. Habitaba la Hormiga allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto la dijo: «Doña Hormiga,pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa con que viva este invierno esta triste Cigarra, que alegre en otro tiempo, nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.

 El labrador y la fortuna•Esopo

Removiendo un labrador con su pala el suelo, encontró un paquete de oro. Todos los días, pues, ofrendaba a la Tierra un presente, creyendo que era a ésta a quien le debía tan gran favor. Pero se le apareció la Fortuna y le dijo: oye, amigo: ¿por qué agradeces a la Tierra los dones que yo te he dado para enriquecerte? Si los tiempos cambian y el oro pasa a otras manos, entonces echarás la culpa a la Fortuna. Cuando recibamos un beneficio, veamos bien de donde proviene antes de juzgar indebidamente.

 La gallina de los huevos de oro•Samaniego

Erase una gallina que ponía un huevo de oro al dueño cada día. Aun con tanta ganancia mal contento, quiso el rico avariento descubrir de una vez la mina de oro,y hallar en menos tiempo más tesoro. Matóla, abrióla el vientre de contado; pero, después de haberla registrado, ¿qué sucedió? que muerta la Gallina, perdió su huevo de oro y no halló la mina. ¡Cuántos hay que teniendo lo bastante enriquecerse quieren al instante, abrazando proyectos a veces de tan rápidos efectos que sólo en pocos meses, cuando se contemplaban ya marqueses, contando sus millones, se vieron en la calle sin calzones.

 El perro y el pedazo de carne•Esopo

Un perro llevaba en la boca un pedazo de carne, cuando se disponía a pasar un rió, vio reflejada la sombra del pedazo de carne que llevaba en el hocico, viendo que la carne que se veía en el agua era más grande y jugoso que el que llevaba consigo. El perro se quedó quiero un rato mirando fijamente la imagen, hasta que abrió la boca para agarrarlo; al hacer esto, el pedazo de carne que llevaba se le cayó al agua, quedándose el pobre perro sin ambos. La moraleja de esta fábula de Esopo, nos dice que casi siempre perdemos lo que tenemos seguro, por tratar de tomar algo que no nos pertenece.

  El águila y los gallos. •Esopo

Dos gallos reñían por la preferencia de las gallinas; y al fin uno puso en fuga al otro. Resignadamente se retiró el vencido a un matorral, ocultándose allí. En cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta dándose a cantar con gran estruendo. Mas no tardó un águila en caerle y raptarlo. Desde entonces el gallo que había perdido la riña se quedó con todo el gallinero. A quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle quien se los arrebate.

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